¿Reino Unido y Rusia, ya están en una guerra no declarada?
La tensión entre Rusia y la OTAN está en aumento, llegando a un punto nunca antes visto desde la Guerra Fría. Las sospechas mutuas y las acciones híbridas de cada una de las partes se están multiplicando y dejando la situación expuesta a una escalada entre potencias atómicas.
Esta semana una advertencia de la exdirectora del MI5, baronesa Eliza Manningham-Buller, de que el Reino Unido “podría estar ya en guerra con Rusia”, reavivó el debate sobre si la relación bilateral ha entrado en un estadio de confrontación no convencional: ciberataques, sabotajes, operaciones de influencia y espionaje sin choque militar abierto. Sus declaraciones, en línea con las de la analista Fiona Hill, describen un patrón de hostilidad que se ha ido intensificando desde el inicio de la guerra de Ucrania y del sabotaje al gasoducto Nord Stream.
Los argumentos desde Londres y sus aliados
Autoridades y centros de investigación occidentales señalan un salto cuantitativo en las actividades atribuidas a Rusia en Europa: el CSIS documentó que los ataques casi se triplicaron de 2023 a 2024 (y ya habían cuadruplicado de 2022 a 2023), dentro de una campaña de “subversión y sabotaje” que incluye infraestructura crítica, transporte y objetivos gubernamentales.
En este marco, varios gobiernos y la OTAN advierten niveles “récord” de amenaza de sabotaje en 2025. También se investigan incidentes recientes de drones sobre bases y aeropuertos europeos como parte de tácticas híbridas.
Casos concretos alimentan las sospechas: en el Báltico, Finlandia imputó al capitán y dos oficiales del petrolero Eagle S, presuntamente vinculado a la “flota en la sombra” rusa, por cortar con un ancla cinco cables submarinos (energía y telecomunicaciones) entre Finlandia y Estonia en diciembre de 2024; el proceso sigue abierto y los acusados lo niegan.
Un año antes, Helsinki ya había focalizado su investigación por la rotura del gasoducto Balticconnector y un cable de datos en el ancla de un portacontenedores chino (Newnew Polar Bear), y Pekín reconoció posteriormente el daño como “accidental”. Estos episodios ilustran lo complejo de atribuir intencionalidad en el entorno submarino.
Los argumentos desde Moscú
Rusia sostiene que Reino Unido no solo apoya militarmente a Ucrania sino que participa en operaciones clandestinas contra intereses rusos. El Kremlin acusó a la Marina británica de estar detrás del sabotaje a los gasoductos Nord Stream (septiembre de 2022).
Atribución directa al Reino Unido (29-oct-2022): el Ministerio de Defensa ruso afirmó que “personal de la Marina británica” participó en la planificación, provisión y ejecución de las explosiones de Nord Stream 1 y 2 (26-sep-2022). No aportó evidencias públicas y Londres lo negó de plano.
Vinculación con ataque en Sebastopol (mismo día): en paralelo, Rusia sostuvo que los mismos “especialistas británicos” guiaron el ataque con 9 drones aéreos y 7 drones marítimos contra buques de la Flota del Mar Negro en Sebastopol, y que el entrenamiento del 73.º Centro ucraniano de Operaciones Navales se realizó bajo asesoría británica en Ochakiv (Mykolaiv). Tampoco mostró pruebas abiertas.
En paralelo, se señala la implicancia de Londres en su apoyo militar a Ucrania —desde el entrenamiento masivo de tropas bajo Operation Interflex hasta el suministro de misiles de crucero Storm Shadow— como respuesta “proporcionada” a la invasión de 2022 y a ataques rusos de largo alcance.
Moscú señala que la implicancia es aún mayor, ya que la operativa de este tipo de arma sofisticada y la logística que implica (asesoramiento satelital, etc) hace evidente que personal británico está efectivamente implicado en el terreno.
Zonas grises y riesgos de escalada
El mosaico de incidentes —cables y tuberías dañados, ciberataques, tramas de espionaje, asistencia militar, sabotajes a gran escala— alimenta percepciones de un conflicto “ya en curso” pero por debajo del umbral del artículo 5 de la OTAN.
Atribuir responsabilidades es difícil y, a menudo, disputado: tanto las negaciones de Moscú como los casos clasificados o bajo investigación dejan espacios para la duda, lo que favorece narrativas contrapuestas y operaciones de influencia. Informes recientes advierten que este tipo de coerción híbrida probablemente continúe y se intensifique.
Desde hace décadas Europa no estuvo tan expuesta a un conflicto directo como en la actualidad. Donde un error o el cruce mínimo de las líneas rojas pautadas por las partes, puedan derivar en una situación donde el conflicto directo entre potencias atómicas se transforme en una amenaza real.